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Cuando te dicen: me voy 👀

Foto del escritor: Livi BetancurLivi Betancur

Según Gallup, el 70% de los empleados dice que una buena experiencia de onboarding influye en su decisión de quedarse. Es por esto que muchas de las organizaciones diseñan hoy en día experiencias de bienvenida cercanas y sentidas, reuniones con el equipo, kits de regalo con una libreta y un termo con el logo de la compañía…

 

Queremos enamorar a la persona desde el primer día porque sabemos que ese momento es crucial. Queremos asegurarnos que la primera impresión sea impecable.



 Pero, ¿qué pasa con la última impresión?


Harvard Business Review dice que el 52% de los empleados que tienen una mala experiencia al salir descartan por completo la posibilidad de volver e incluso pueden borrar los buenos recuerdos que sembraron en la empresa que están despidiendo.

 

He defendido durante años la idea de que uno puede pertenecer sin necesariamente permanecer. Pero hay lugares donde esa filosofía no es bien recibida. Cuando decidí dejar Coca-Cola FEMSA hace más de 20 años, lo que más me impactó no fue la dificultad de tomar la decisión, sino la reacción de mis jefes. En lugar de una conversación abierta sobre mi crecimiento y futuro, percibí rechazo. Era como si, al marcharme, dejará de ser parte de la historia de la empresa.

 

¿Por qué nos esforzamos tanto en dar la bienvenida y tan poco en decir adiós? ¿Por qué las organizaciones invierten tanto en atraer talento, pero descuidan el cierre de los ciclos?


La forma en que una empresa se despide de sus empleados habla mucho de su cultura.


Hay conversaciones que ponen a prueba el liderazgo. Una de ellas es cuando alguien de tu equipo te dice: “Me voy, me hicieron una nueva oferta”. Ese momento revela más que el futuro de un empleado: muestra la verdadera cultura de la organización y la calidad de las relaciones que se han construido.

 

¿La respuesta es castigo o reconocimiento? ¿Rechazo o apoyo? Confieso que es muy fácil hablar de la importancia de crear vínculos cuando las personas que trabajan contigo permanecen y crean sus sueños juntos.






Hace un mes, Luz Marina Echeverry, gerente de BP y people Analitycs, me contó que tenía una nueva oferta laboral. Mi primera reacción fue de sorpresa e incluso de incredulidad. Estaba convencida que esa oferta no podía compararse con lo que ella vivía y recibía en nuestra organización. El proceso fue avanzando y en lugar de intentar convencerla de quedarse, me aseguré de que estuviera tomando la mejor decisión.

 

Curiosamente, conozco bien a la empresa que le ofreció la oferta. Así que hablé con mis conocidos, investigué, y confirmé que realmente era una gran oportunidad. Con tristeza acepté que no tenía sentido hacerle una contraoferta, no porque no quisiéramos que se quedara, sino porque esta nueva oferta realmente valía la pena.


Fue un recordatorio poderoso de que soltar y dejar ir no es fácil. Pero cuando hay una relación genuina, la despedida no es un final, sino un nuevo capítulo.


Nos cuesta ver más allá de los límites de una organización. Creemos que el valor de una relación está condicionado a un contrato, a un rol o a una estructura. Pero las conexiones humanas van mucho más allá.

 

Las personas no desaparecen cuando cruzan la puerta de salida. Siguen siendo parte de nuestra historia. Lo que construimos juntos no se borra con una carta de renuncia. Un excompañero puede convertirse en un amigo de por vida, en un futuro aliado, en alguien con quien volveremos a cruzarnos en otro momento, en otro espacio, con otra misión.


Considero que el verdadero éxito de un equipo no se mide por cuántos empleados logra retener, sino por cuántas relaciones logra trascender hacia una conexión más profunda y valiosa.


En muchas empresas, la salida de un empleado se maneja con frialdad o resentimiento. Se convierte en un tabú, en algo de lo que se habla en voz baja. Si una compañía ve la renuncia como una traición en lugar de un crecimiento, lo que realmente está diciendo es: “No nos interesa tu bienestar, solo tu permanencia”.

 

Las organizaciones que entienden el valor de las relaciones humanas saben que un ex colaborador es un embajador. Alguien que, si se va en buenos términos, seguirá hablando bien de la empresa, recomendará talento y, quién sabe, tal vez algún día regrese con más experiencia y más valor para aportar.




Como líderes, debemos preguntarnos: ¿Cómo hacemos sentir a las personas cuando nos dicen que se van?


Al final, liderar no es poseer. Es influir. Y la verdadera prueba del liderazgo no está en cuántas personas se quedan, sino en cuántas siguen valorando la relación, incluso después de irse.

 

En el caso de Luzma, solo tengo agradecimiento por la historia que construimos juntas y por todo el legado que nos deja.






Logró consolidar un equipo de HR business partner excepcional. Su energía, su liderazgo, su capacidad de ver el talento de las personas e inspirarlos es infinito. Brillante, inspiradora, expresiva, positiva, irreverente, gentil, visionaria y sobre todo, mi primera business partner.


Luzma, hoy sales a volar. Y aunque tu camino siga otro rumbo, tu esencia seguirá con nosotros, porque perteneces a nuestra organización, sin importar donde estés.


Así que hoy quiero preguntarte:

 

¿Cómo estás construyendo vínculos en tu equipo? ¿Son relaciones que dependen de una empresa o son conexiones que pueden durar para siempre?

 

Cuando los lazos existen, no importa cuanto tiempo pase, siempre siguen con nosotros. Y volvernos a ver, es como el primer día de la despedida. Tenemos la gran oportunidad de sembrar relaciones profundamente humanas que trascienden el espacio y el tiempo.

 

Te invito a que te dejes inspirar por este video:





¿Ya conoces la fórmula para ser ‘de buenas’?



Si aún no has tenido la oportunidad de acompañarme en la conferencia de Ganas y Canas, esta invitación es para ti:

 

Este martes, 25 de marzo, quiero invitarte a una conversación que me toca el alma. Voy a compartir sobre el Bien-estar, no solo como un estado, sino como una forma de vivir. Y sobre tres superpoderes que pueden transformar nuestra vida: propósito, vulnerabilidad y armonía.

 

Cuando escribí Ganas y Canas, la fórmula para ser de buenas, pensé que solo estaba poniendo en palabras herramientas que me han servido desde pequeña. Lo que no imaginé fue que, al hacerlo, sanaría la relación con mi hija. Este martes, más que una conferencia, quiero compartir con ustedes una conversación que me toca el alma.







¡Te espero!



Un abrazo,



Livi Betancur - Coach y mentora en emprendimiento y talento humano

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